An Accountant & a Brush | Un Contable y un Pincel

This piece is about people trying to have a “normal” life and in search of “what-i-am-good-at” when they already overflow with talent, enlightening their own small world.


Esta pieza trata sobre personas que intentan tener una vida “normal” y buscan “soy-muy-bueno-haciendo-esto” cuando ya rebosan de talento, iluminando su propio pequeño mundo.

He was nervous, nervous as hell. He pulled over his sleeves and rubbed his sweaty hands on them. It was getting hot, wasn’t it? He looked around, seeing other people for the first time. Unbelievable! They all looked so calm, with their legs crossed, their hands perfectly placed over their laps browsing through their smartphones, a smile now and then. What the hell? Were they even human? or perhaps that was the wrong question to ask. He was the odd one. He wanted to be one of them so badly, be normal, not freak out, talk without a wobbly voice, be smart, give a firm handshake, sound interesting, bold, such a long wish list…

For fuck sake, how many interesting “features” did these people have? So hard to become one of them. He closed his eyes. “See yourself as a winner and you will become one someday!” He had heard or read that somewhere. He saw himself successful in the interview, crossed legs, calm, confident, laughing with the interviewer, shaking hands with him, and finally “Congratulations!”, “Welcome abroad” ”You are just what we were looking for!” (any of these or all at once). He could imagine the interviewer’s smile. He traced imaginary lines with his finger on his lap trying to catch that smile, the perfect smile which meant “You’re hired. You are good for this position.” It would mean success at last, wouldn’t it?

“Mr. Monet, are you ready?” The interviewer stood there on the threshold still holding the knob showing no emotion.

No, he wasn´t ready but he signed, stood up extending his right hand trying to give him a firm handshake.

When he got home after the interview, he knew deep in his bones that it was another failure. Another fucked-up interview. He had been an accountant whole his life, he still was one. Was he meant to be one? Even in his actual position, he received negative feedback from his boss. If he wasn’t good at what he has been doing for the last ten years then what could he possibly do?

He went to the basement almost running, his legs eager to get there, his fingers already lingering for the brush. He wanted to paint that smile so badly, he hadn’t stopped thinking about it during the interview. Since childhood, he has had this ability or this curse to visualize every moment as painted stories which he, later on, had to paint no matter what. Uncountable times had these “painted stories” ruined an interview, shopping, conversation, an intimate moment, relationship. He hurriedly ran downstairs where he was welcomed by resonating stories from each and every corner of the basement. Each painting eyeing and following his steps until he sat in his stool, enjoying the silence, trying to give life to his imagination, with no notion of time. He sat there, panting, breathing every moment, thoughtless, splashing with his brush, thoughtless, every movement came naturally to him. At last, he smiled at the smile he had just finished painting. “Success!” the painted smile said, yes it indeed did.


Estaba nervioso, mas nervioso que nunca. Se subió las mangas y se frotó las manos sudorosas con ellas. Estaba empezando a hacer mucho calor, ¿no? Miró a su alrededor y vio a otras personas por primera vez. ¡Increíble! Todos se veían tan tranquilos, con las piernas cruzadas, las manos perfectamente colocadas sobre el regazo navegando por sus teléfonos inteligentes, una sonrisa de vez en cuando. ¿Qué demonios? ¿Eran siquiera humanos? o quizás esa era la pregunta incorrecta. Él era el extraño. Tenía tantas ganas de ser uno de ellos, ser normal, no asustarse, hablar sin voz temblorosa, ser inteligente, dar un apretón de manos firme, sonar interesante, audaz, una lista de deseos tan larga …

Joder, ¿cuántas “características” interesantes tenían estas personas? Era tan difícil ser uno de ellos. Cerró los ojos. “¡Mírate a ti mismo como un ganador y algún día te convertirás en uno!” Había escuchado o leído eso en alguna parte. Se imagino a si mismo exitoso en la entrevista, cruzó las piernas, tranquilo, confiado, riendo con el entrevistador, estrechándole la mano, y finalmente oir “¡Felicidades!”, “¡Bienvenidos al extranjero!” “¡Eres justo lo que estábamos buscando!” (cualquiera de estos o todos a la vez). Podía imaginar la sonrisa del entrevistador. Trazó líneas imaginarias con su dedo en su regazo tratando de captar esa sonrisa, la sonrisa perfecta que significaba “Estás contratado. Eres bueno para este puesto “. Significaría el éxito al fin, ¿no?

“Señor. Monet, ¿estás listo? El entrevistador se quedó en el umbral sujetando el pomo sin mostrar ninguna emoción.

No, no estaba listo pero se levantó, se acercó extendiendo la mano derecha con el intento de darle un buen apretón de manos.

Cuando llegó a casa después de la entrevista, sabía en el fondo de sus huesos que había fracasado….otra vez. Otra entrevista jodida. Había sido contable toda su vida,  todavía lo era. ¿Estaba destinado a ser uno? Incluso en su puesto actual, había recibido comentarios negativos de su jefe. Si no era bueno en lo que ha estado haciendo durante los últimos diez años, ¿qué podría hacer?

Se fue al sótano casi corriendo, sus piernas ansiosas por llegar, sus dedos ya acariciando el pincel. Tenía tantas ganas de pintar esa sonrisa que no había dejado de pensar en ello durante la entrevista. Desde niño, había tenido esta habilidad o esta maldición de visualizar cada momento como “historias pintadas” que, más tarde, tenia que pintar sin importar nada mas. Innumerables veces estas “historias pintadas” habían arruinado una entrevista, una compra, una conversación, un momento íntimo, una relación. Corrió a toda prisa escaleras abajo, donde le recibieron las historias resonantes de todos y cada uno de los rincones del sótano. Cada cuadro mirando y siguiendo sus pasos hasta que se sentó en su taburete, disfrutando del silencio, tratando de dar vida a su imaginación, sin noción del tiempo. Se sentó allí, jadeando, respirando cada momento, sin pensar, salpicando con su pincel, sin pensar, cada movimiento le venía naturalmente. Por fin, sonrió ante la sonrisa que acababa de pintar. “¡Éxito!” decía la sonrisa pintada, sí, eso es lo que decía.


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